América Latina figura entre las regiones más vulnerables a ciberataques, con una infraestructura débil, baja inversión en ciberseguridad y escasa coordinación transfronteriza.
El sector financiero — altamente digitalizado y con un rol crítico en la economía — se ha convertido en uno de los blancos preferidos de los ciberdelincuentes.
Las fugas de datos aumentaron un 34.5% y los ataques de ransomware un 84% durante 2023. Sin una estrategia de defensa informada y colaborativa, las consecuencias económicas para las organizaciones financieras pueden ser severas.